sábado, 11 de mayo de 2013

LA MADRE DE DIOS EN EL CENTRO DE LA IGLESIA PEREGRINA (2)


26. La Iglesia, edificada por Cristo sobre los apóstoles, se hace plenamente consciente de estas grandes obras de Dios el día de Pentecostés, cuando los reunidos en el cenáculo « quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse » (Hch 2, 4)Desde aquel momento inicia también aquel camino de fe, la peregrinación de la Iglesia a través de la historia de los hombres y de los pueblos. Se sabe que al comienzo de este camino está presente María, que vemos en medio de los apóstoles en el cenáculo « implorando con sus ruegos el don del Espíritu ».
Su camino de fe es, en cierto modo, más largo. El Espíritu Santo ya ha descendido a ella, que se ha convertido en su esposa fiel en la anunciación, acogiendo al Verbo de Dios verdadero, prestando « el homenaje del entendimiento y de la voluntad, y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por El », más aún abandonándose plenamente en Dios por medio de « la obediencia de la fe », por la que respondió al ángel: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra ». El camino de fe de María, a la que vemos orando en el cenáculo, es por lo tanto « más largo » que el de los demás reunidos allí: María les « precede », « marcha delante de » ellos. El momento de Pentecostés en Jerusalén ha sido preparado, además de la Cruz, por el momento de la Anunciación en Nazaret. En el cenáculo el itinerario de María se encuentra con el camino de la fe de la Iglesia ¿De qué manera?


Entre los que en el cenáculo eran asiduos en la oración, preparándose para ir « por todo el mundo » después de haber recibido el Espíritu Santo, algunos habían sido llamados por Jesús sucesivamente desde el inicio de su misión en Israel. Once de ellos habían sido constituidos apóstoles, y a ellos Jesús había transmitido la misión que él mismo había recibido del Padre: « Como el Padre me envió, también yo os envío » (Jn 20, 21), había dicho a los apóstoles después de la resurrección. Y cuarenta días más tarde, antes de volver al Padre, había añadido: cuando « el Espíritu Santo vendrá sobre vosotros ... seréis mis testigos... hasta los confines de la tierra » (cf.Hch 1, 8). Esta misión de los apóstoles comienza en el momento de su salida del cenáculo de Jerusalén. La Iglesia nace y crece entonces por medio del testimonio que Pedro y los demás apóstoles dan de Cristo crucificado y resucitado (cf. Hch 2, 31-34; 3, 15-18; 4, 10-12; 5, 30-32).
María no ha recibido directamente esta misión apostólica. No se encontraba entre los que Jesús envió « por todo el mundo para enseñar a todas las gentes » (cf. Mt 28, 19), cuando les confirió esta misión. Estaba, en cambio, en el cenáculo, donde los apóstoles se preparaban a asumir esta misión con la venida del Espíritu de la Verdad: estaba con ellos. En medio de ellos María « perseveraba en la oración » como « madre de Jesús » (Hch 1, 13-14), o sea de Cristo crucificado y resucitado. Y aquel primer núcleo de quienes en la fe miraban « a Jesús como autor de la salvación », era consciente de que Jesús era el Hijo de María, y que ella era su madre, y como tal era, desde el momento de la concepción y del nacimiento, un testigo singular del misterio de Jesús, de aquel misterio que ante sus ojos se había manifestado y confirmado con la Cruz y la resurrección. La Iglesia, por tanto, desde el primer momento, « miró » a María, a través de Jesús, como « miró » a Jesús a través de María. Ella fue para la Iglesia de entonces y de siempre un testigo singular de los años de la infancia de Jesús y de su vida oculta en Nazaret, cuando «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón » (Lc 2, 19; cf. Lc 2, 51).

Pero en la Iglesia de entonces y de siempre María ha sido y es sobre todo la que es « feliz porque ha creído »: ha sido la primera en creer. Desde el momento de la anunciación y de la concepción, desde el momento del nacimiento en la cueva de Belén, María siguió paso tras paso a Jesús en su maternal peregrinación de fe. Lo siguió a través de los años de su vida oculta en Nazaret; lo siguió también en el período de la separación externa, cuando él comenzó a « hacer y enseñar » (cf. Hch1, 1 ) en Israel; lo siguió sobre todo en la experiencia trágica del Gólgota. Mientras María se encontraba con los apóstoles en el cenáculo de Jerusalén en los albores de la Iglesia, se confirmabasu fe, nacida de las palabras de la anunciación. El ángel le había dicho entonces: « Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande.. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin » (Lc 1, 32-33). Los recientes acontecimientos del Calvario habían cubierto de tinieblas aquella promesa; y ni siquiera bajo la Cruz había disminuido la fe de María. Ella también, como Abraham, había sido la que « esperando contra toda esperanza, creyó » (Rom 4, 18). Y he aquí que, después de la resurrección, la esperanza había descubierto su verdadero rostro y la promesa había comenzado a transformarse en realidad. En efecto, Jesús, antes de volver al Padre, había dicho a los apóstoles: « Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes ... Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 19.20). Así había hablado el que, con su resurrección, se reveló como el triunfador de la muerte, como el señor del reino que « no tendrá fin », conforme al anuncio del ángel.

domingo, 5 de mayo de 2013

LA MADRE DE DIOS EN EL CENTRO DE LA IGLESIA PEREGRINA (1)

Aprovechando el mes de mayo, el mes de María, queremos ir de la mano del Magisterio de la Iglesia, y profundizar un poquito en Nuestra Madre, para que sea ella la que ilumine nuestra MISIÓN.
Encíclica Remptoris Mater, de Juan Pablo II. Capítulo II.
Esperamos que disfrutéis:





1. La Iglesia, Pueblo de Dios radicado en todas las naciones de la tierra
25. « La Iglesia, "va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios", anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que El venga (cf. 1 Co 11, 26) ». « Así como el pueblo de Israel según la carne, el peregrino del desierto, es llamado alguna vez Iglesia de Dios (cf. 2 Esd 13, 1; Núm 20, 4; Dt 23, 1 ss.), así el nuevo Israel... se llama Iglesia de Cristo (cf. Mt 16,18), porque El la adquirió con su sangre (cf. Hch 20, 28), la llenó de su Espíritu y la proveyó de medios aptos para una unión visible y social. La congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz, es la Iglesia convocada y constituida por Dios para que sea sacramento visible de esta unidad salutífera para todos y cada uno ».

El Concilio Vaticano II habla de la Iglesia en camino, estableciendo una analogía con el Israel de la Antigua Alianza en camino a través del desierto. El camino posee un carácter incluso exterior,visible en el tiempo y en el espacio, en el que se desarrolla históricamente. La Iglesia, en efecto, debe « extenderse por toda la tierra », y por esto « entra en la historia humana rebasando todos los límites de tiempo y de lugares ». Sin embargo, el carácter esencial de su camino es interior. Se trata de una peregrinación a través de la fe, por « la fuerza del Señor Resucitado », de una peregrinación en el Espíritu Santo, dado a la Iglesia como invisible Consolador (parákletos) (cf. Jn14, 26; 15, 26; 16, 7): « Caminando, pues, la Iglesia a través de los peligros y de tribulaciones, de tal forma se ve confortada por la fuerza de la gracia de Dios que el Señor le prometió ... y no deja de renovarse a sí misma bajo la acción del Espíritu Santo hasta que por la cruz llegue a la luz sin ocaso ».

Precisamente en este camino —peregrinación eclesial— a través del espacio y del tiempo, y más aún a través de la historia de las almas, María está presente, como la que es « feliz porque ha creído », como la que avanzaba « en la peregrinación de la fe », participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo. Añade el Concilio que « María ... habiendo entrado íntimamente en la historia de la salvación, en cierta manera en sí une y refleja las más grandes exigencias de la fe ». Entre todos los creyentes es como un « espejo », donde se reflejan del modo más profundo y claro « las maravillas de Dios » (Hch 2, 11).

domingo, 3 de marzo de 2013

"Todos los días se lo pido a Dios"


CARTA DE LORENZO DESDE TCHAD

Hoy es 24 de febrero de 2013 y ahora mismo son algo más de las cuatro de la tarde, eso significa que estamos en temporada seca y el termómetro sube por encima de los 40 grados todos los días… hace viento, pero es un viento seco y muy cálido que viene del desierto y el calor se hace a ratos insoportable….
En el Evangelio de hoy, esta mañana en misa, en la parroquia de “Notre Dame” hemos escuchado el pasaje del monte Tabor,… y lo que ahora mismo se me pasa por la cabeza es  poner un poco de aire acondicionado a esas “tiendas”, y así disfrutar un poco del fresquito… Bueno, ahora un poco más en serio, ya son 10  meses los que llevo aquí, en Tchad, en la Tandjilé, en Kelo, en Bayaka,… y después de reflexionar un poco el Evangelio de hoy, lo que me viene a la mente es que no siempre que uno está cerca del Señor se encuentra calentito (o más bien fresquito), sino todo lo contrario,…. El Señor siempre nos invita a movernos, a luchar, a denunciar, a tantas cosas, que vistas desde la mirada de la sociedad en que nos movemos, y sus modas, más bien podríamos decir, que es todo “incomodidad”. Cuando lo que más “apetece” es quedarse inmóvil, cómodo, y sin molestare demasiado, el Señor quiere que seamos dinámicos, inconformistas y “profetas” del Reino de Dios.
En cualquier ambiente uno puede ser profeta, y esto no siempre significa que debamos ser revolucionarios en el sentido de la palabra de la lucha física y rebelde. Ser Profeta también significa denunciar las injusticias y la mentira con nuestras obras, con nuestra coherencia, con nuestro modo de vivir.
Aquí, en Tchad, también se puede ser profeta, claro! Y en España, y en Albacete,…. En cualquier sitio, pero sólo se puede ser Profeta desde el convencimiento de la “Verdad”, desde el estar seguros y sentirse tranquilos en las manos del Padre, y sabiendo que Él es el que lo hace todo. Aunque siempre escuchemos el refrán de que “nadie es profeta en su tierra”, yo, a mi modo de entender, creo que en este caso el refrán no es totalmente cierto, y siempre, aunque sea en lo más pequeño podemos denunciar las injusticias que nos suceden a nuestro alrededor todos los días. No es necesario buscar grandes causas, de esas que salen todos los días en los telediarios, simplemente mirando a cada lado de donde estamos, seguro que hay un montón de oportunidades de mejorar las cosas, de denunciar lo injusto y hacer que la verdad salga a la luz.
Cuando uno piensa en el “África Negra”, es decir, en el áfrica subsahariana, siempre estamos tentados a pensar en países en los que los habitantes no son capaces de ver y analizar las cosas, gentes que no razonan según nuestra forma de pensar…. Pero ¿quién nos dice que somos nosotros los que llevamos la razón? Quizás el hecho del desarrollo tecnológico, el hecho de vivir en la sociedad dónde la calidad de vida ha llegado a lo más alto (siempre según estándares impuestos). Esto nos hace pensar que las otras sociedades, hablamos de los países pobres, subdesarrollados, no son capaces de querer alcanzar el objetivo que nosotros hemos alcanzado, ese objetivo que todos los días nos dicen por los medios de comunicación que es el “bienestar”. Quizás el problema sea que estas sociedades de las que hablamos, sociedades que no han conocido el desarrollo, sociedades que no conocen ni siquiera qué es desarrollarse, se conforman como están. A veces, para mí, en muchos casos, esto se me hace muy difícil de comprender, pero poco a poco me voy dando cuenta de que esta gente que me rodea todos los días sonríe, disfruta de la vida y de la naturaleza. Quizás de una manera que nosotros no llegamos a comprender y ni siquiera a conocer. Es muy difícil llegar a conocer el modo de pensar de toda esta gente, su modo de ver las cosas más sencillas de la vida, su modo de comprender los hechos, las alegrías, las penas… sobre todo por la tradición que a veces hace que se forme una especie de barrera que para nosotros los blancos, los extranjeros, es muy difícil de traspasar.
Ante esto, uno puede tener distintas reacciones. La primera y más sencilla es la de pensar que realmente no quieren mejorar ni cambiar, que desean seguir como están, pero la segunda, y yo creo que más evangélica, es la de “estar”, es la de trabajar por mejorar las cosas, de una manera sosegada y tranquila, sin  hacer aspavientos, y sobre todo sabiendo que a nuestro lado siempre está el Señor, para ayudarnos a liberar al “Prójimo”, a acompañarlo…
Cuando voy en el coche por los caminos de esta región, contemplo muchas veces cómo la gente es realmente feliz, aún teniendo muy poco. Quizás la clave está ahí, en el “tener”. La gente aquí, los chadianos, tienen muy poco, por lo que también tienen pocas preocupaciones. Pero hay una cosa que me llama mucho la atención, quizás sólo sea una causa física, pero los chadianos en sus quehaceres diarios tienen una forma de andar, de montar en moto, en bici, en general de estar, que denota mucha dignidad, como orgullo de lo que son. ¿Por qué no? Y lo que también me llama mucho la atención es la serenidad, la tranquilidad, con la que hacen todo. Al principio te desespera, sobre todo a los que venimos de la vida frenética del norte, del occidente, pero poco a poco uno se va acostumbrando y descubre que se pueden hacer las mismas cosas estando estresado y agobiado, que viviendo la vida a un ritmo diferente. Y quizás esto último a pesar de que parece sencillo es lo que más me cuesta vivir.
Pero la paciencia, que según dicen es la madre de la ciencia, estoy seguro que me ayudará a comprender, a seguir, a permanecer al lado de los otros… si, claro está, es esto lo que el Señor quiere de mí. Por el momento ya voy para casi un año al lado de esta gente, que no enfrente, que es distinto, pero a la vez más sencillo. Estar al lado es intentar ver las cosas desde sus ojos, y no desde los míos, sentir las cosas como las sienten ellos y no como estoy acostumbrado a sentirlas…. Vivir la vida como la viven ellos y no como la he vivido yo.
Qué fácil es sentirse aquí dueño y señor de la verdad, de la razón,… qué fácil es caer en la tentación de sentirse uno superior, sobre todo porque vienes de esos países que se llaman a sí mismos del “primer” mundo.  Pero qué difícil es ser humilde, ser sencillo, no buscar imponerse a los demás sino comprenderlos y aceptarlos… Todos los días se lo pido a Dios, que me haga cada día más humilde, y seguiré en el empeño hasta el día que ese pensamiento  que pasa tantas veces por mi cabeza  se desvanezca.
                Ya, simplemente por esto último merece la pena conocer este mundo, estas gentes, esta forma de vida, este áfrica negra!!!!

lunes, 21 de enero de 2013

...a los niños con motivo de la Infancia Misionera.


Carta de D. Ciriaco, Obispo de Albacete, a los niños con motivo de la Infancia Misionera.

Queridos amigos:
En vísperas de Navidad, ¿recordáis?, se lanzaba la Campaña de Sembradores de Estrellas, de la que son protagonistas los niños. Porque los niños están empeñados en poner luz donde hay oscuridad. Saben que Jesús ha dicho: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn.3,19-21).
Pero esta encantadora movida infantil no se detiene ni ante la cuesta de enero, pues el domingo, día 27, se celebra la Jornada de la Infancia Misionera. La misión, por ser cosa seria, no es sólo de los adultos; los niños son también “protagonistas y promotores, acreditados valedores del Espíritu que anima el envío misionero”.
Los niños misioneros han hecho posible la realidad de la Obra misional de la Infancia Misionera, iniciada hace 170 años por un obispo francés, impresionado de lo que contaban los misioneros que regresaban de Oriente sobre la dramática situación en que vivía la población y, especialmente, los niños. La Obra de la Infancia Misionera se propone sembrar en los niños la semilla de la inquietud misionera y la solidaridad con los niños que todavía no conocen a Jesús y que tienen tantas necesidades materiales. Han sido incontables los hospitales, orfanatos, centros de salud y escuelas que sean se han levantado con la generosidad de los niños misioneros.
En los últimos cinco, los niños españoles han vivido con la imaginación y con el corazón una preciosa aventura: recorrer de la mano de la Iglesia los cinco continentes para ir al encuentro de Jesús con los niños de allá. El itinerario ha tenido etapas fascinantes: “buscar a Jesús”, “encontrarle”, “seguirle”, “hablar de él”.
Ahora toca unirse a todos los niños de Europa para “acoger a los de otros continentes como lo hizo Jesús. Los niños que han tenido la gracia de encontrar a Jesús han vivido una experiencia admirable que les ha ensanchado el corazón hasta hacerles capaces de iniciar con otros niños relaciones de amistad, sea cual sea el color de su piel o su raza.
Es lo que expresa el cartel de la Jornada: cinco niños, encabezados por Jesús, se abrazan entre sí, abrazando así la esfera de la tierra. De Jesús brotan rayos que iluminan el mundo. Los niños, en corro, parecen bailar una danza de alegría: la alegría de saber que todos somos hermanos.
Con todos los niños de la Diócesis, quiero pedirle a Jesús, luz del mundo, que nos dé fuerzas a todos los diocesanos para amar cada vez más y mejor, que alargue nuestras manos para abrazar a todo el mundo, que abra bien nuestros ojos y nuestros oídos para percibir las necesidades y las voces de los millones de niños que nos gritan desde su pobreza, su dolor y su oscuridad. Que, en esta Jornada misionera, Jesús abra nuestro corazón a la generosidad.

Con mi afecto y bendición
+Ciriaco Benavente Mateos
Obispo de Albacete

domingo, 6 de enero de 2013

SIGAMOS A LOS MAGOS


SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA     

Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia dónde está el niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en barrarnos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas...

    ¡Dejad, pues, vosotros también, la ciudad sumida en el desorden, dejad al déspota comido por la crueldad, dejad las riquezas del mundo, y venid a Belén, la casa del pan espiritual! Si sois pastores, venid y veréis al niño en el establo. Si sois reyes y no venís, vuestra púrpura no os servirá de nada. Si sois magos, no importa, no es impedimento con tal que vengáis para presentar vuestra veneración y no para aplastar al Hijo del Hombre. Acercaos con espanto y alegría, dos sentimientos que no se excluyen...

    ¡Postrándonos, soltemos lo que retienen nuestras manos! Si tenemos oro, entreguémoslo sin demora, no rehuyamos darlo...Unos extranjeros emprendieron un tan largo viaje para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué excusa tenéis para vuestra conducta, vosotros, que os echáis atrás ante el corto camino de ir a visitar al enfermo a al prisionero? Ellos ofrecieron oro. Vosotros dais pan con harta tacañería. Ellos vieron la estrella y su corazón se llenó de alegría. Vosotros veis a Cristo en una tierra extranjera, desnudo ¿y no os conmueve?

San Juan Crisóstomo (c.345- 407), presbítero en Antioquia, obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia, Padre de la Iglesia Oriental
Homilías sobre San Mateo, VII,5

martes, 13 de noviembre de 2012

Testimonio y diálogo

Como estamos de celebración por el Vaticano II, compartimos el número 11 del Decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, que esperamos que os guste y os sirva en vuestra vida y vuestro crecer en el amor a nuestra madre la Iglesia.

Testimonio y diálogo

Es necesario que la Iglesia esté presente en estos grupos humanos por medio de sus hijos, que viven entre ellos o que a ellos son enviados. Porque todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de la palabra el nombre nuevo de que se revistieron por el bautismo, y la virtud del Espíritu Santo, por quien han sido fortalecidos con la confirmación, de tal forma que, todos los demás, al contemplar sus buenas obras, glorifiquen al Padre y perciban, cabalmente, el sentido auténtico de la vid y el vínculo universal de la unión de los hombres.

Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, reúnanse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, reconózcanse como miembros del grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten; pero atiendan, al propio tiempo, a la profunda transformación que se realiza entre las gentes y trabajen para que los hombres de nuestro tiempo, demasiado entregados a la ciencia y a la tecnología del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, más todavía, para que despierten a un deseo más vehemente de la verdad y de la caridad revelada por Dios.

Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los ha conducido con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, así sus discípulos, inundados profundamente por el espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven, y tratar con ellos, para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes; y, al mismo tiempo, esfuércense en examinar sus riquezas con la luz evangélica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador.

sábado, 20 de octubre de 2012

Carta Abierta

Querido amigo/a: si eres uno de los 14.000 españoles que un día sintió la llamada del Señor para anunciar la buena noticia del Evangelio en los lugares más perdidos del mundo, esta carta es para ti. 

¿Sabes?, durante el DOMUND de otros años he visto a muchos niños por las calles, orgullosos con sus huchas, pidiendo dinero para ayudar a las misiones (no me extrañaría que tu vocación misionera surgiera de esa manera). Y sentí un poco de vergüenza, al ver que el compromiso de esos niños con la misión era más decidido que el mío. Cuando, un poco más tarde, recibí en Misa el sobre del DOMUND, intenté meterme en él con todo mi corazón agradecido, con mi plegaria y con una pequeña ayuda económica.

El próximo domingo 21, mientras unos y otros te recordaremos en la Jornada Mundial de las Misiones, tú seguirás con tu labor cotidiana y escondida. No sé si eres uno de esos sacerdotes misioneros que celebra Misa para un puñadito de niños y mujeres africanos que tienen por único templo un árbol perdido en medio de la sabana.

Tal vez seas una de esas religiosas que ha consagrado toda la vida a llevar consuelo a los pobres con el pan que alimenta el cuerpo y con la Palabra que alimenta el alma.
A lo mejor no eres tú, sino vosotros, porque formas parte de una de esas familias misioneras que, cargando a sus espaldas con 3, 4, 5... hijos, dejan la comodidad de un hogar seguro para compartir el amor entre otras familias menos favorecidas. O tal vez seas un joven que, yendo en busca de aventuras, se encontró con un tesoro que le ha cambiado la vida. O quién sabe si, con un sufrimiento que sólo Dios comprende, has tenido que abandonar la misión porque el Señor te ha pedido ofrecer tu enfermedad para que otros sigan en vanguardia. Finalmente, podrías muy bien ser misionero desde el cielo; ¿acaso vosotros, los misioneros, no habéis repetido tantas veces que nunca se deja de serlo?

En fin, ignoro casi todo de ti, querido misionero, pero conozco lo esencial. Sé que un día oíste la llamada del Señor a seguir sus pasos y, sin mirar atrás, cogiste su mano con absoluta confianza, abandonaste tus miedos y dijiste Sí. Y de ese Sí ha surgido toda la fecundidad de tu vida misionera. Sé por cuántas dificultades has pasado, pero sacas la fuerza de la oración y te levantas cada día confiando en que la Providencia, un día más, te ayudará a salir adelante. Cada amanecer es para ti una nueva creación, una nueva esperanza, una nueva oportunidad de sembrar un poquito de amor. Sé que eres feliz; sólo se puede ser feliz junto al Señor, y tú no te has separado de Él ni un solo día de tu vida. Y estando junto a Él, ¿a cuántos has sabido también llevar a Su lado?

Para terminar, te pido un favor: únete a mí, para suplicar a la Reina de las Misiones que haga crecer entre los jóvenes el deseo de ser misioneros. Ojalá pronto nuestra oración sea escuchada, y algún intrépido misionero vaya a echarte una mano. Hasta otra, misionero querido. Intentaré no estar muy lejos.
                                       
                                          Dora Rivas -  Responsable de la Base de Datos de Misioneros Españoles
Carta publicada originalmente en Alfa y Omega, n.º 757